La fotografía de naturaleza abarca una amplia variedad de disciplinas: desde paisajes y cielos hasta flora, fauna y fenómenos naturales. Para quienes se inician en esta práctica, es importante entender que no todos los sujetos se abordan de la misma manera. Fotografiar una flor no implica las mismas técnicas, equipo ni tiempos que fotografiar un zorro o un ave en vuelo. En este artículo, vamos a enfocarnos en dos grandes ramas de la fotografía de naturaleza: la flora y la fauna. Exploraremos las diferencias técnicas, de enfoque y de preparación que implica fotografiar a cada uno de estos sujetos, con recomendaciones especialmente pensadas para principiantes.
Diferencias clave
La flora es inmóvil, lo que permite ajustar composición y técnica con calma. En cambio, la fauna suele estar en constante movimiento, exigiendo reflejos rápidos y planificación previa. Fotografiar animales implica conocer sus hábitos y elegir el momento adecuado, mientras que las flores pueden encontrarse y observarse con mayor facilidad. Ambas requieren paciencia, pero en diferentes formas.
Equipamiento
Para flora se recomiendan lentes macro y trípodes livianos, ideales para primeros planos y detalles. En fauna, los teleobjetivos (300mm o más) y los zooms versátiles permiten mantener distancia sin perder definición. Un monopie puede ser útil para estabilidad sin sacrificar movilidad.
Configuración técnica
La velocidad de obturación es clave: para fauna, es importante utilizar velocidades rápidas (1/500 o más) que congelen el movimiento y eviten imágenes borrosas. Para flora, se puede trabajar con velocidades más lentas, especialmente si se utiliza trípode. Esto permite reducir el ISO y ganar calidad en la imagen.
La apertura también juega un papel importante. En flores, una apertura amplia (f/2.8 a f/5.6) puede ayudar a aislar el sujeto del fondo, generando un atractivo desenfoque. En fauna, la apertura dependerá de la distancia al sujeto y de la necesidad de tener suficiente profundidad de campo para que el animal esté completamente enfocado. El ISO deberá ajustarse según la luz disponible: en general, conviene mantenerlo lo más bajo posible para evitar ruido, salvo en escenas de acción con poca luz.
Composición y enfoque
En fotografía de flora, la composición puede trabajarse con calma. Es posible probar diferentes ángulos (desde arriba, a nivel del suelo, en contraluz), buscar fondos limpios y aplicar reglas como la del tercio o el uso de líneas. El enfoque manual es útil cuando se desea precisión en un punto específico del objeto a retratar.
En fauna, el enfoque automático continuo (AI Servo/AF-C) suele ser la mejor opción, especialmente para sujetos en movimiento. La composición requiere rapidez, pero también anticipación: dejar espacio en la dirección hacia la que se mueve el animal, ubicarlo en un punto fuerte de la imagen y evitar recortar partes importantes del cuerpo son algunas claves. En ambos casos, tener en cuenta el fondo y la iluminación es fundamental.
CONSEJO: Aprovecha la luz natural
La luz natural es un recurso esencial en fotografía de naturaleza. Las primeras horas de la mañana y las últimas de la tarde (llamadas “horas doradas”) ofrecen una luz suave y cálida, ideal tanto para flora como para fauna. Para plantas, estas horas realzan texturas y colores sin generar sombras duras. Para animales, además de la calidad de la luz, estas franjas horarias coinciden con momentos de mayor actividad. Evitar la luz del mediodía puede ser clave, especialmente en días soleados, ya que genera sombras fuertes y contrastes difíciles de manejar. En cambio, los días nublados ofrecen una luz difusa excelente para capturar detalles y colores sin sobresaturaciones, tanto en flores como en pelajes o plumajes.
Paciencia y observación
Tanto la flora como la fauna requieren una actitud paciente y atenta. En flora, observar cómo la luz incide sobre las plantas, cómo se relacionan con su entorno o cómo cambian según la estación permite lograr composiciones más interesantes. La fauna, por su parte, exige observar comportamientos, rutas, sonidos y rastros. Anticiparse al movimiento de un ave o al cruce de un ciervo puede marcar la diferencia entre una buena y una gran toma. Además, en ambos casos es útil permanecer en silencio y moverse con lentitud. La clave está en integrarse al ambiente y observar antes de disparar. El conocimiento sobre la especie o el ecosistema también enriquece el proceso fotográfico y mejora el resultado final.
Errores comunes
Uno de los errores más comunes es no prestar atención al fondo. Tanto en flora como en fauna, un fondo desordenado o con elementos distractores puede arruinar una buena toma. Otro error habitual es usar el mismo enfoque técnico para ambos tipos de sujetos: aplicar las mismas configuraciones para una flor que para una liebre suele generar resultados pobres. También es común subestimar la necesidad de planificación: salir sin investigar previamente las condiciones del lugar, la estación o la hora del día puede traducirse en oportunidades perdidas. Por eso, siempre conviene prepararse con antelación, revisar el equipo y ajustar las expectativas.
Conclusión
La fotografía de naturaleza es tan diversa como los ambientes que retrata. Explorar tanto flora como fauna ayuda a ampliar la mirada, mejorar el control técnico y descubrir qué tipo de imágenes conectan más con nosotros. Algunos fotógrafos se sienten atraídos por la calma y el detalle de las flores, otros por la adrenalina y el desafío de capturar animales en movimiento. La clave está en practicar, equivocarse, observar y volver a intentar. Con el tiempo, cada persona encuentra su propio estilo, sus especies favoritas y su forma única de contar visualmente la vida natural. Lo importante es salir con respeto, curiosidad y la cámara lista para aprender de cada disparo.