Consejos para mejorar tus fotografías de paisajes

La fotografía de paisajes va mucho más allá de simplemente capturar un lindo paisaje; se trata de transmitir sensaciones, emociones y la esencia del entorno a través de una foto.
Seguramente te pasó que estuviste frente a un paisaje increíble, hiciste mil fotos y, cuando llegaste a casa y las viste en la computadora, el resultado eran imágenes planas y sin alma. La clave está en no disparar a lo primero que vemos; no solo tenemos que ver sino, y principalmente, aprender a mirar; a trabajar con la luz, la composición, conocer el terreno y, sobre todo, saber conectarte con el lugar, si no sentís, será muy difícil que puedas transmitir con tus fotos.

Por esa razón, antes de sacar la cámara de la mochila, es esencial dedicarle tiempo a la exploración. Tomándote tu tiempo, vas a poder descubrir qué es lo que te llama la atención de ese paisaje (esos puntos donde tu mirada se detiene), a la vez que podrás encontrar esos angulos inesperados y puntos de interés ocultos que pueden marcar la diferencia.

Existen muchas aplicaciones que pueden ser tus mejores aliadas para anticipar la salida y puesta del sol, ayudándote a imaginar cómo la luz transformará el paisaje en distintos momentos del día. Tal vez descubras que la pared de una montaña en particular se baña de una luz espectacular durante el amanecer, mientras que el lado opuesto permanece en sombra. Saber eso te permitirá planificar tu sesión obteniendo los mejores resultados.

La magia de la luz natural es otro componente fundamental. La hora dorada es la más llamativa y usada, pero no dejes de disparar si el día se presentó nublado o con niebla; el “mal clima” puede ofrecerte oportunidades únicas, recreando una escena con un halo de misterio o dramatismo que suele llamar mucho la atención.


La luz puede actuar como la protagonista creando contrastes dramáticos o resaltando detalles que de otro modo pasarían desapercibidos. De ahí que, aprender a leer y anticipar la luz, es tan importante como dominar la cámara. Tomate el tiempo necesario para estudiar y analizar la luz y, sobre todo, a aprender a seleccionar cuál es el momento ideal para presionar el disparador y cuándo es mejor esperar.

Cada tipo de paisaje presenta sus propios desafíos y encantos; pero no hay dudas que los bosques son uno de los temas preferidos de los fotógrafos de paisaje, por la cantidad enorme de posibilidades que ofrece. En el caso de los ríos o arroyos, el movimiento del agua puede convertirse tanto en el centro de atención como en un elemento que guíe la composición. Experimenta con la velocidad de obturación para congelar el movimiento o, por el contrario, conseguir el efecto seda que transmita fluidez.


En estos ambientes, el juego de luces y sombras invita a buscar detalles que cuenten una historia: la neblina filtrándose entre las ramas o un sendero solitario que conduce a lo desconocido.

Los desiertos, por su parte, nos enfrentan a desafíos muy diferentes. Aquí el calor y la aridez se plasman en ondulaciones de arena y, en la noche, en cielos estrellados nos regalan una claridad inusual. Las técnicas pueden variar desde el uso de teleobjetivos para comprimir la escena y resaltar la sensación de vastedad, hasta el empleo de filtros polarizadores para eliminar reflejos y mejorar la saturación de colores. Jugar con las líneas que se dibujan en la arena, es un recurso que suele dar muy buenos resultados, sobre todo al atardecer, cuando las sombras aportan lo suyo, creando formas increíbles que invitan al espectador a recorrer toda la escena.

La costa del mar, por su parte, encierra su propia historia: desde playas de aguas turbulentas, hasta acantilados rocosos que enmarcan tormentas inminentes. En cada caso, es vital anticipar las condiciones climáticas y proteger el equipo, ya que factores como el viento y la arena pueden jugarte una mala pasada. No dejes de incluir elementos en el primer plano para brindar profundidad en tus composiciones.

Más allá de la captura inicial, la postproducción es el toque final que puede transformar una foto buena en una imagen memorable. Un ajuste sutil en el contraste, la saturación y la nitidez resaltarán la atmósfera capturada en el momento, sin perder la naturalidad que hizo especial la escena.


En definitiva, la fotografía de paisajes es una disciplina que requiere paciencia, observación y una profunda conexión con la naturaleza. Desde la exploración del terreno hasta la elección de la composición y la edición final, cada paso debe ser pensado y ejecutado con pasión y conocimiento. Al final, el objetivo es contar una historia visual que transporte al espectador al mismo instante en que se maravillaste ante ese paisaje único.